Buscar información sanitaria en internet, ¿es siempre malo?

jueves 24 mayo 2012



Iago López Gálvez
Médico de Familia

    Un fenómeno curioso en la medicina de la última década es la aparición de los pacientes "sobreinformados" por la búsqueda de enfermedades o de síntomas en internet. La mayor parte de las veces, acuden además alarmados o con concepciones erróneas sobre su enfermedad. Este hecho, aunque denostado por muchos médicos, es, en mi opinión, imparable y debe ser asumido. Censurar al paciente por buscar información por su cuenta no sólo es inmoral desde un punto de vista ético (el principio de autonomía es uno de los pilares de la ética médica). Además de antiético, es, por supuesto, inútil.

    Asumiéndolo como inevitable, debería imponerse una actitud pragmática. La búsqueda autónoma de información no tiene por qué ser necesariamente mala, si las personas se dotan de ciertos mecanismos o de cierta metodología a la hora de buscar información. Y eso es algo en que los médicos podemos colaborar, ayudando a inculcar, dentro de nuestras posibilidades, unos buenos hábitos científicos, una actitud que en su día tuvimos que aprender a desarrollar nosotros también. Mi consejo general para las personas que realizan esta búsqueda  es tener en cuenta algunas premisas:


1) Comprobar la fiabilidad de la fuente de información: no todo aquello que esté en internet es cierto, ni mucho menos. La veracidad de la información va a depender del grado de cualificación de quien la emite y -muy importante- su honradez. Nunca dejemos de lado la perspectiva de que la salud es un gran negocio, y muchas personas o empresas estarán muy interesadas en dar información sesgada, cuando no claramente fraudulenta, con el fin de vender un producto, tanto farmacológico como "natural" (pueden leer el artículo de hace unos meses al respecto), o cualquier tipo de intervención terapéutica. Por ello es aconsejable recurrir a fuentes de información que dispongan de respaldo científico. Dos ejemplos, que pueden ver Vds. en el margen derecho del blog, son fisterra.com y las páginas dependientes del National Institutes of Health, que además disponen de mucha información en castellano.

2) Es fundamental una buena comunicación médico-paciente. Muchas veces el paciente va a buscar información no por hipocondriasis, sino por un grado de información por parte de su médico que no satisface sus expectativas. Un paciente bien informado por su médico será menos susceptible a la información basura.

3) En general, y aunque parezca una obviedad, deberíamos huir de toda fuente de información con claras referencias conspiranoicas, que recurrentemente alude al gran engaño de la siempre malvada medicina convencional y las grandes bondades del descubrimiento que el firmante ha realizado.

4) Intentar utilizar un sentido probabilístico siempre que sea posible; lo cual, en cierto modo supone aplicar la navaja de Ockham: si mis síntomas coinciden con una enfermedad común y con una enfermedad rara, es más lógico pensar siempre en la enfermedad común. Si tengo fiebre elevada, cefalea, y dolores musculares generalizados en Galicia y en Enero, podría ser malaria.... pero obviamente existe una posibilidad infinitamente superior de que sea, sencillamente, gripe.

    En mi experiencia personal en consulta, la principal causa de alarmas innecesarias y desinformación ha venido dada precisamente por lo que menciono en este cuarto punto, y también la causante de muchos de los chistes que figuran en internet sobre los peligros de buscar enfermedades en Google. Ello es debido a que no todo el mundo tiende a aplicar un sentido probabilístico a lo que encuentra, además de que, obviamente, la mayoría de la población no conoce la prevalencia de la mayor parte de las enfermedades.




    Este artículo no pretende inducir a que estas prácticas se conviertan en una costumbre general, y mucho menos a que se sustituya una consulta al médico por una búsqueda en google; porque que a muchas personas no sólo no les resuelve su problema, sino que les genera ansiedad manejar ciertos tipos de información sin unos conocimientos de base previos (lo que me pasaría a mí al intentar leer un tratado de física cuántica o de literatura alemana, si ni siquiera sé alemán). No obstante, si los médicos seguimos defendiendo el ocultismo en nuestro saber, sólo conseguiremos que cada vez más personas acaben siendo víctimas de pseudociencias y chamanismos. Nuestro trabajo está basado en los conocimientos aplicados de la física, la química, la biología y la estadística, entre otras. Todas ellas ciencias coherentes y verificables, a la disposición de todo el que quiera. La divulgación científica es una de las mejores vacunas contra la superstición y el esoterismo, y por ello puede salvar vidas y proteger a nuestros pacientes contra muchos fraudes.


Una nota de humor extraída de cinismoilustrado.com






los comentarios han sido deshabilitados.